Luego de la suspensión por las inundaciones, se
realizó la XXXVII edición del evento
deportivo más importante de la ciudad. Con la participación de más de cuatro
mil atletas y un público que acompañó
durante toda la jornada, se vivió una fiesta en Concordia. Desde las primeras
horas, cobertura exclusiva de “El concordiense”.
Alrededor de las seis
de la tarde, ya era un caos transitar por la ciudad. Los colectivos se tenían
que desviar por sus recorridos y circulaban por zonas impensables, a partir de
allí surgieron las primeras quejas de los vecinos:”Maestro, mira por donde me
estás llevando, como no van a avisar nada” fueron las palabras de un pasajero
de la línea cuatro. El centro se encontraba vacío producto de los cortes y abundaban las charlas entre los
comerciantes y sus vacaciones en Brasil. Todos con la promesa que iban a cerrar
los locales a las 19.30 para acercarse hasta el lugar más cerca en donde pasen
los corredores y con el compromiso de llevar una botella de agua para los
atletas.
En la zona de la
estación Norte, se encontraban pocos lugares disponibles para dejar el auto lo
más cerca posible de la largada. A raíz de esto los trapitos estaban al pie del
cañón buscando la “colaboración”. A las 19 un grupo grande ya estaba haciendo
la entrada en calor. El comentario entre
estos era los 41º C. de sensación térmica y el sol que se posaba sin ninguna
nube, además de las cargadas por el superclásico que se iba a jugar a la noche.
Carlos Tevez y Daniel Osvaldo también corrieron la maratón de Reyes.
“La ola naranja” y
no, no es la de Scioli sino que eran las cuatro mil personas que poseían la
vestimenta oficial de la carrera y que poco a poco se iban acercando al
corsodromo. Se distinguían entre el montón remeras de los equipos locales y nacionales y
de bandas de rock. Producto del calor, el clásico “palito, bombón, helado” fue
uno de los éxitos de la jornada. Al heladero, no le daban las manos para tener
la conservadora, sacar el helado, darle el cambio al pibe y secarse la
transpiración de la frente. Otro del paisaje maratonistico eran los puestos de
indumentaria deportiva, los clásicos manteros, que ofrecían precios muy
baratos.
Durante los
10 km. La gente trató de buscar
el mejor lugar posible con su silleta para no perderse ningún detalle, con
tereré en mano, por supuesto y un papel para abanicarse. Concordia se reducía a ese tramo
que duraba la carrera, no andaba
ni siquiera un auto por el resto de la ciudad.
“Espíritu docente” la
banda local, animó la previa con su música. Las familias que estaban afirmadas a las sillas, se levantaron y se acercaron al
escenario para bailar los temas más movidos del grupo musical antes del
comienzo. Mientras sonaba cumbia de fondo, el puesto de choris empezó a hacer
el fuego y se acercaban varias personas
a preguntar el horario en el cual empezaban a salir los primeros.
Las promotoras
repartían merchandising oficial de las empresas a las cuales publicitaban, lo
que llamó la atención de una señora de alrededor de setenta años por la forma
en la que estaban vestidas las chicas “Como se va a poner eso” le comentaba a
su marido que se salía de la vaina por el atuendo de las mujeres. Los
adolescentes aprovechaban para pedirles el llavero que repartían y de paso le
pedían una fotografía.
Media hora antes del
inicio, todos los atletas e incluso los de
sillones de ruedas entraban en calor con palabras de aliento y se
animaban unos a otros. Mas al costado un grupo, daba la charla técnica con palabras
como “somos todos hermanos” y se
abrazaban entre todos al estilo Pumas en el mundial de rugby. Luego pusieron
todos, una mano arriba de la mano de otra persona y gritaron el nombre del
gimnasio. Pegados a estos, se encontraba un conjunto de chicas mientras
realizaban elongación se sacaban selfies.
Instantes antes de la carrera y al trote, llegaron los corredores
de la asociación concordiense de taekwondo vestidos con la ropa del deporte que
practican, un clásico de todas las maratones de reyes. Además de estos, estaban
Melchor, Gaspar y Baltasar que recibían las bromas del publico debido a la
fecha que se realizo la maratón, unos días después del tradicional día de reyes
“tuvimos que hacer los regalos en cuotas, nos comió la inflación” respondían con
una sonrisa en la cara. Un árbol de navidad, Minnie y Mickey, zombies haciendo
alusión a la serie estadounidense “The Walking Dead” tampoco faltaron en la
competencia. Se veían filas en los baños
químicos,”Dale que ya larga” le decía un amigo a otro mientras le golpeaba la
puerta.
Cuando largaron los
atletas con capacidades diferentes, las palmas del público hicieron que al
animador ni siquiera se lo escuchase. Bicicletas con agua y elementos de
primeros auxilios los acompañaron durante todo el recorrido.
Comenzó la cuenta
regresiva y los espectadores se pegaron al vallado con sus celulares para
filmar la largada. Un perro estaba mezclado
entre los atletas de elite y cuando finalmente largaron, se pudo ver al can al
mismo ritmo que los corredores profesionales lo que hizo que el público estalle
de la alegría. Fueron cinco minutos en el que no paraba de pasar remeras
naranjas por las calles, una atrás de
otra. El aplauso de la multitud siguió hasta que no largase el último. Se
intentaba distinguir a un conocido para darles palabras de aliento. Cinco
jóvenes de alrededor de veinte años, largó un rato después y se pudo ver el
pique que hicieron desde los baños hasta la manga en donde se dio inicio a la
competencia. A esos también se los aplaudió.
Después de eso, se
aprovechó para comprar alguna bebida en los kioscos y supermercados de la zona
que no dieron abasto producto de la gran demanda de gaseosas, aguas saborizadas
y galletitas. Algunos se fueron a las gradas del corsodromo que se llenaron
rápidamente para seguir de cerca los metros finales. Todos con auriculares
siguiendo la carrera por la radio, excepto
treinta personas que pusieron una radio portátil y abasteció de
información a la mayoría de los que se olvidaron los audífonos. Empezaron los
análisis de cual iba a ser la estrategia de Federico Bruno, gran favorito a
ganar. “Para mí la pierde, se la paso de joda, yo lo veía en la costanera dando
vueltas en el auto siempre” dijo un hombre que estaba sentado mientras se
tomaba un vaso de Coca-Cola y comía un pedazo de pastaflora.” Ya van por el
parque ferré, yo no llego ahí en ese tiempo ni en moto” declaraba un sujeto de
alrededor de treinta años, asombrado por la velocidad en la que se desarrollaba
la carrera.
Tan solo media hora de
carrera, Federico Bruno se alzó con el
primer puesto. Durante el sprint final en la recta del corsodromo no hubo un
solo alma sentada. Mientras el
tricampeón pasaba, la muchedumbre se acercaba para recibir un choque de manos
del atleta. El grito de ovación cuando llego a la meta hizo que se emocionara y
se le cayeran unas lágrimas.
Lentamente iban llegando al objetivo. Lo más enteros con
buen humor, inclusive se pudo ver a un muchacho sacándose la remera y bailando
reggaetón pidiendo más agite. Otro de los casos, tomó el micrófono del
animador y dijo: “No importa en qué posición haya llegado, yo ya gané, vote a Stolbizer”
y la mayoría soltó una carcajada, otros se rieron despacio como no entendiendo
el chiste y soltaron la risa al ver que se estaban riendo todos y unos cuantos
directamente no entendieron y no se rieron. Algunos con estado para correr 10 km. más volvían al circuito para alentar y
ayudar anímicamente a los que les
faltaba un pequeño tramo para llegar y necesitaban ese apoyo. Diez personas
iniciaron la guerra de agua con las
botellas y se divertían como nenes. Más
al fondo una nena salió corriendo a saludar al padre que llegó, “papi sos el
hombre más rápido del mundo” le dijo mientras la tenía en brazos. Un camión de
bomberos voluntarios habilitó sus mangueras para refrescar a los atletas que mientras se
mojaban, hacían un análisis del trayecto. Al mejor estilo “Gente que busca
gente” tres amigas se encontraron en la llegada y se dieron un abrazo que duro
varios minutos. Al mismo tiempo que estas mujeres, dos jóvenes se dieron un
abrazo y se decían mirándose a la cara “hoy nos mamamos, hoy nos mamamos”.
Con otro de los
tantos aplausos que hubo en la jornada, esta vez le tocó al perro de la largada
que después de una hora completó el circuito total. Miembros del staff le lleno
el balde con agua mientras se sacaban fotos con el animal.
Un escenario que se
repitió fue el de varios deportistas que no pudieron llegar a la meta y
tuvieron que terminar ayudados por parte
del personal de la carrera a la carpa sanitaria que se había montado para los
casos de deshidratación. El sonido de
las sirenas, se ganaron el protagonismo en un momento cuando uno de los
participantes se desploma en la recta y fue asistido rápidamente por los
médicos. Lo sacaron en camilla y con un tubo de oxigeno. El conductor llevó
tranquilidad a todos los presentes declarando que había sufrido una
descompensación pero ya estaba controlado en el hospital Masvernat.
A las diez de la
noche el número de personas se redujo un poco menos a la mitad, por motivo que
muchos organizaban para ir a ver el partido. La concurrencia se trasladó hacia
el escenario principal, en donde se llevó a cabo la premiación final y una
nueva aclamación para el gran ganador de la noche. Otro de los ganadores fue el
puesto de choripan que hizo estragos al
vender el combo con la gaseosa a cuarenta pesos. El “Zapi” conductor del evento,
llegando a la medianoche, finalizó con un ¡Hasta el año que viene concordia!






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